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El día que Eddie Van Halen grabó gratis el solo más legendario del pop

Eddie Van Halen grabó gratis un solo histórico por pedido de Quincy Jones, dejando una de las colaboraciones más sorprendentes del pop.

El día que Eddie Van Halen grabó gratis el solo más legendario del pop

En la historia de la música existen colaboraciones que parecen imposibles… hasta que suceden. Una de ellas fue cuando Eddie Van Halen, líder de Van Halen, terminó grabando uno de los solos más icónicos del pop mundial por un motivo inesperado: un favor personal.

Todo comenzó cuando el legendario productor Quincy Jones, responsable de obras que van desde colaboraciones con Frank Sinatra hasta el himno global We Are the World, decidió buscar un sonido distinto para una canción que prometía marcar época. Su apuesta fue clara: necesitaba un guitarrista que aportara energía, virtuosismo y personalidad.

Jones llamó a Eddie Van Halen y el músico aceptó participar sin dudarlo. La sesión se mantuvo en secreto, en parte porque el guitarrista aprovechó que sus compañeros de banda estaban fuera de la ciudad. En aquellos años, sin redes sociales ni comunicación instantánea, la posibilidad de mantener la colaboración oculta era real. De hecho, Quincy Jones pensó que nadie descubriría quién había grabado ese solo.

Lo más sorprendente de la historia no fue solo el secretismo, sino el pago. Aunque los servicios del guitarrista habrían costado millones de dólares, Eddie Van Halen decidió no cobrar absolutamente nada. Su única recompensa fueron dos packs de seis cervezas, es decir, doce en total, que el propio productor llevó al estudio.

La anécdota se convirtió con el tiempo en una de las historias más curiosas del rock y el pop, porque demuestra que, en ocasiones, la música se mueve más por pasión que por dinero.

Sin embargo, el aporte de Eddie no fue improvisado. Antes de grabar, pidió al ingeniero de sonido que restructurara la canción para abrir espacio a su intervención. Una vez lista la mezcla, el guitarrista necesitó apenas dos tomas para grabar el solo que terminaría convirtiéndose en parte de la historia musical del siglo XX.

Cuando terminó, el propio Michael Jackson apareció en el estudio. El cantante quedó impresionado al ver que Van Halen incluso había vuelto a grabar el solo para asegurarse de que todo sonara perfecto. Ese gesto reflejaba algo que ambos compartían: la obsesión por la excelencia musical.

Años después, Eddie recordó aquel encuentro con admiración, describiendo a Jackson como un genio musical con una inocencia infantil, un profesional dedicado y alguien que realmente amaba la música.

La colaboración terminó trascendiendo generaciones y hoy sigue siendo citada como un ejemplo de cómo el rock y el pop pueden encontrarse en un punto común. No solo demostró que las fronteras entre géneros pueden romperse, sino que confirmó que cuando dos visiones creativas se cruzan, el resultado puede ser eterno.

En tiempos en los que cada colaboración suele medirse en cifras millonarias, esta historia recuerda que algunos de los momentos más importantes de la música nacen simplemente del respeto entre artistas, la amistad y la pasión por crear algo inolvidable.

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